El lenguaje lezamiano:
una plurivalente unidad mediática de la verdad

Por:
Leticia Ruiz Rosado

Nos acercamos a la poesía de José Lezama Lima con el temor del vidente, tal vez, del profeta, porque como señala Lilliana Ramos Collado en su ensayo, “Musa, Medusa”, “la voz propia del poeta se asemeja a la voz de la intimidad femenina”. Entonces a fuerza de pura lectura y análisis nos entregamos a ese esfuerzo deleitoso por demás de mirar dentro de la caverna de un poeta que a nuestro modo de ver, prolongó la voz materna en sus versos para recrear precisamente ese mundo fantástico que siempre lo deleitó y sofocó.

Creemos que José Lezama Lima se reconoció siempre a través de la poesía por sentirse parte exponencial, quizá perversamente la ramificación del árbol de la vida. Nos preguntamos, ¿no sería que su entorno se asemejaba a ese remoto origen, presencia y esencia del todo y para descifrarlo se volcó en el verso a fin de desbordarse, prolongarse y definirse cual signo y acceder al mundo de lo otro? Tal vez, esa ramificación mediante el lenguaje lo reflejaría precisamente en todo aquello cuyo alcance temporal y espacial lo llevaría a remontarse en la historia para abarcar la totalidad y con ella de forma vanguardista retozar cual caribeño y hombre universal de las letras por los pasadizos más abyectos del lenguaje de manera que su voz fuera las voces de los tiempos de los tiempos de aquellos días de un paraíso idílico y pleno de belleza. Así hemos ido leyéndolo para creer que entendemos el discurso de una imagen resucitada por la palabra, en específico, de la metáfora como alteridad consustancial, a fin de rescatar del pensamiento de Paul Ricceur su idea de que, “El lenguaje es una mediación entre el hombre y el mundo”. De manera que intentaremos a base de dos poemas, “Ah, que tú escapes” y “Una oscura pradera me convida” del libro Enemigo Rumor de 1941, develar la “unidad plurivalente” de todos los “yos” en esa búsqueda victoriosa “de la verdad sobre la duda” en la palabra cual Orfeos según plantea María Teresa Bertelloni en torno a la creación poética. Así podremos entonces explicar en este trabajo la teoría poética lezamiana como verdad de la totalidad, de la misma manera en que se plantea en la tradición judeo cristiana. No obstante, en los dos poemas que analizaré, se produce un sentido de pérdida de esa totalidad y/o verdad debido a la naturaleza restrictiva del lenguaje que se recupera mediante la construcción de la imagen metafórica como instrumento mediador entre el lenguaje irracional (la imagen) y el lenguaje del logos que no puede transmitir la totalidad de la verdad ya que está restringido a los andamiajes conceptuales que lo limitan. Por lo tanto, encuentra en la creación poética un punto de fuga que supera las limitaciones del lenguaje del logos.

Comenzaremos aclarando que Lezama Lima ha sido el único escritor cubano que ha creado un sistema poético como objeto de todas las búsquedas como parte de su desempeño creativo. Su proceso parte precisamente de los elementos mismos de la poiesis, o sea de la metáfora y de la imagen. Esto es, su escritura parte de su experiencia con la poesía y de ella mana su sistema poético. Podemos afirmar entonces que, siguiendo la idea antes enunciada de Paul Ricceur, el lenguaje se convierte en un mundo común y, además que cada hablante puede comprender la perspectiva rara sobre el mundo solo en la medida en que puede afrontar el mismo mundo, lo que significa que su manera retórica o decir singular, constituye su manera de persuadir al otro. De manera que, el origen cultural o la dimensión originaria del lenguaje como forma comunicativa siempre será parte fundamental en la construcción de todo tipo de estructura lingüística. Leeremos, por tanto, a Lezama Lima con las referencias que lo precedieron porque a esos lugares se fugo cuando elucubro sus poemas. Así su decir será el de otros y con otros. Al modo de un dios cuyo verbo irradia su subjetividad y la intersubjetividad porque su provocación es ontológica. Como habíamos señalado al comienza de este escrito, nos parece que su intención es aunar la totalidad del lenguaje, ese que no cesa y que se fuga en el viento y deambula por el tiempo y el espacio de las culturas. Con ello cristaliza la poesía y su exquisita expresión del mundo y las cosas. Esta mediación como la nombra Paul Ricceur es lo que nos atrevemos a ver en la lectura de los dos poemas que pasamos a develar según nuestra mirada con la poesía como ente transformador a base de la imagen a semejanza del mundo metafórico. Esto es lo que quisimos decir cuando señalamos la perdida racional que se dio en el principio del mundo y que la poesía recupera por el simbolismo de la imagen, es lo que entendemos trabaja Lezama en su poesía.

La metáfora se convierte en la mediadora a través de la imagen, ella es la que ordena o racionaliza el lenguaje que es inaprensible, lo que es lo mismo, la totalidad, por ello su complejidad y diversidad. Es a través del lenguaje que rescata la esencia o inocencia, tal vez la totalidad divina, esa que se nos hace difícil de comprender porque se asemeja a un enigma frente a un espejo y que al mirarse se pervierte por ser rara en ese querer rescatar la estética creadora o salvadora del lenguaje. Afirma el teórico, Paul Ricceur que cuando alguien habla o toma la palabra, “se adueña de la totalidad de su lengua, de su gramática implícita, del tesoro virtual de las palabras y establece una relación con el mundo” (Ricceur 50) Al hacerlo, se presenta así mismo como el sujeto responsable de su discurso”(Ricceur 50) Entonces, nos atrevemos a afirmar que José Lezama Lima, se comprometió con sus creencias dentro de su escritura y las defendió como su verdad ante la comunidad lingüística en que vivió. Su praxis, su obra misma. En Enemigo Rumor las afirma y define como su “tesoro virtual” en el que recala su discurso auto afirmativo e identatario. Especie de sistema en el que la idea queda fija en la mente como imagen del objeto percibido en la mente creativa. Ese juicio formado en su mente es lo que construye con el lenguaje del conocimiento puro, racional y, que metaforiza como imagen. Ese barroquismo estético tan gongorino se aúna con la filosofía quevedesca del decir profundo del lenguaje lo que lo define como poeta neo barroco, según nuestra lectura. Consciente de que su hermetismo vanguardista recoge voces platónicas, baudeliereana, kafkiana, entre tantas otras como la ovidiana con la que miramos tras el espejo del tiempo y del espacio la de la escultura berniana del mito de Dafne y Apolo, aceptamos la propuesta de la Dra. Lilliana Ramos Collado quien nos conmino a leer desde la fuga de Dafne como muestra indeleble de la perfecta escapada quien atesora su libertad y virginidad lo que entronca con la cultura judeo cristiana occidental y, que por razones obviamente culturales, no limita todas las posibilidades de interpretaciones no sólo del mito sino de la propia huida. Entonces nos planteamos como lectores si Lezama al recrear el mito en el poema, ‘Ah, que tu escapes’, propone otra manera de leer tanto el mito como la literatura, incluso la manera de observar la escultura de Bernini en la que se apoya Ramos Collado para proponer la lectura del poema lezamiano.

Nos parece que lo que importa es su relación con lo inaprensible, de lo que habla Paul Ricceur y, que nos nutre para el estudio de este texto tan desconcertante como a lo que nos remite, el amor. Uno que se da y repite constantemente y que se repite como la flor, la belleza, la hermosura, incluso el derecho de toda mujer a escoger con quien o con quien no quiere estar. Esto por supuesto se aleja de las raíces judeo cristianas porque a la mujer se le asigna un rol en ambas culturas, pero dentro de la mirada de Ovidio en su Metamorfosis alcanza una lectura con posibilidades que rompen con la cultura de la que somos herederos y, a la que Lezama pertenece. Entonces intuimos que el poeta cubano propone como estamos tratando de probar en este ensayo que la poesía lezamiana construyo un paradigma que se aleja profundamente de los estereotipos no solo literarios sino francamente ideológicos como Borges. La verdad no existe, por tanto, el lenguaje es el eje mediador por el que se puede transformar un mito en un poema y a su vez en otro mito de cambio porque todo a fin de cuentas es cambio, renovación, como el sistema lingüístico. Estamos ante un exegeta del lenguaje, lo importante es lo inaprensible, como el lenguaje. Con esta teoría, Ramos Collado clarifica el poema estudiado porque insiste en que los mitos proponen cambios, transformaciones. Veamos entonces como hemos leído este poema tan sugerente desde los teóricos mencionados para constatar que la metamorfosis escritural es la que impregna de imágenes el texto construido a base de metáforas siempre provocativas en el decir lezamiano. Por supuesto, escogí únicamente dos poemas para desarrollar nuestra idea entorno a plurivalencia unitiva de la verdad lezamiana porque entendemos que su sistema poético elucubrado en su primer libro, Enemigo Rumor atiende esa perspectiva de la poesía como enemiga de una verdad absoluta.

“Ah, que tu escapes en el instante”, es el inicio de un verso magistralmente sensual, evocativo y efímero de un instante, si de un momento que lucía perfecto; nos parece que idílico, como lo fue posiblemente el paraíso, el amor o todo lo que sonamos perfecto. De esta manera Lezama nos adentra en su mundo, en la forma en que ve el mundo no solo el que lo rodea sino el que conoce por la historia, la literatura, la música, la pintura, escultura… Un mundo inequívocamente perfecto que desea aprender, pero que no puede y, que decide tocar con la palabra. Seleccione desde luego las que se le antojan en su memoria y las metaforiza a fin de crear una imaginería conceptual cual Quevedo y al mismo tiempo, bella cual Góngora. Con ello nos transporta a su mundo, a su onto. Podríamos preguntarnos porque su afán en desear, intuimos que para crear esa perfecta imagen de belleza que en la huida crea el mito, por eso el admirativo; interesante el segundo verso, “en el que ya habías alcanzado tu definición mejor”. Nos atrevemos a proponer que Lezama acude al mito de la imagen conocida y con ello retomar de Bernini, pero incluso del texto de Ovidio y crear otro mito, el suyo. Así el lenguaje va creando otras lecturas como la que precisamente hacemos en este trabajo en que leemos desde otra mirada y perspectiva, época e incluso, desde otro tiempo en que la belleza se ha distorsionado tanto y, que en nuestro paso por la vida hemos tratado de rescatar… Entonces intuimos que el lenguaje como todas las bellas artes continúan el rol de recrear una naturaleza ya perdida y que parece contenerse en la obra misma del lenguaje. Ese que en Babel parecía haberse esfumado o escindido. El poeta, por tanto, es el que tiene esa marca identataria, su sistema conforma el saber y lo rescata dentro del poema. Al emplear el verbo en pretérito perfecto, constata esa realidad perdida paradoja del verso anterior en que con el subjuntivo parece confundirnos con el admirativo de la escapada. Legitima el lenguaje en su estado de pureza, el que francamente es imposible de aprender, pero que sobrevive en el tiempo de las letras o lo que es lo mismo, de la poesía como sistema. Estamos leyendo desde la lógica del saber, lo posible dentro de de su imposibilidad, por ello, su método es construir metáforas creíbles que parten de lo increíble. Un ejemplo tal vez que es legitimo como ejemplo por su pertenencia en nuestra cultura, la muerte de Cristo, o sea, del unigénito de Dios y quien luego de apaleado resucita de entre los muertos. Esta historia que podría sacudir por lo inverosímil, resulta para los creyentes totalmente verosímil, entendemos pues que la mandala lezamiana en su construcción obedece a este método aceptado dentro de la idea cristiana occidental. De hecho Juan, el vidente lo atestigua e incluso lo nombra el verbo hecho carne y atestigua que nació desde el principio, o sea que estaba en el paraíso y que cuando Dios hizo todo el estaba con él. Esta manera de ver la realidad destrozada como imagen, tal vez violentada por la realidad es lo que remite a la raíz de todas las cosas o el origen desde el que parte Lezama para crear su poesía. Su extrañeza a lo incomunicable como lo llama Cintio Vitier es lo que se convierte en su paradigma comunicable (93). Estamos ante un homenaje al mundo lirico del mundo, con el adverbio ya en ese segundo verso enlaza los dos elementos metafóricos que parecían irreconciliables. Para Cintio Vitier, las arbitrariedades de Lezama son sus concordancias (95). Claro, no nos aclara de qué está hablando, pero lo intuimos más adelante cuando menciona el “agua discursiva”, metáfora que entendemos se refiere a la poesía.

En el tercer verso repite la exclamación, pero ahora la nombra o define “amiga”, este tropo lo lleva al máximo cuando expresa que ella no quiere “creer las preguntas de esa estrella recién cortada,” esta metáfora nos confunde tanto que solo recordando el mito de la pintura o el de la estatua de Dafne, huyendo de Apolo, podemos reconstruir la imagen que es lo que nos queda según señala Paul Ricceur, a fin de trasladar en un nuevo mito la mirada de Lezama que nos parece sugiere una nueva lectura del mito y, que al reconstruirlo imaginamos esa flor recién cortada como el de la flor que en el jardín deseamos y es ese deseo el que Lezama evoca por lo inaprensible del instante, por lo sugerente, por lo de bello , en fin porque lo que miramos nos deja por su belleza con las ganas de poseerlo y en ello se cifra toda la belleza. En ese desear y no tener, pero que al mismo tiempo se nos antoja como una estrella por lo inalcanzable… Dentro de este contexto, Lezama resulta, lógico, coherente y totalmente locuaz en la construcción de su sistema poético. Porque la metáfora se da como la manifestación de una imagen irracional, pero la totalidad por medio de la pérdida del lenguaje racional es lo que la completa. Nos preguntamos, por tanto, si esa pérdida es incluso la de la palabra exacta que busca su coetáneo, Juan Ramón Jiménez, pensamos que si ya que la imagen es la mediadora, por ello, nos remite a la escultura de Bernini, también a Ovidio.

Continúa expresando en el quinto verso que, “esa recién estrella cortada” (51) ‘va mojando sus puntas en otra estrella enemiga” (51) , la que nos parece ser la memoria, con esa perdida la totalidad de las cosas se fragmenta en el tiempo y por ello entendemos el caos de todo, incluso del acontecer histórico. Este planteamiento nos inclina a pensar la poesía lezamiana como una de un compromiso con el conocer, con ese que parece sea perdido por falta del conocimiento de la historia, las artes, las ciencias, la religión, las filosofías y todo lo que conforma al mundo y su creación. Debemos entender, por lo antes dicho, que su poiesis es un nuevo tratado a la posibilidad de enfrentar al mudo y la literatura como gesto inequívoco de sabiduría, esa es su hermenéutica. El escritor, por tanto, es el claro reflejo del mundo y su acontecer, es el vidente, el profeta que puede desentrañar lo mas abyecto y por eso, su confirmación máxima es su obra. Para que no se pierda en la memoria no solo la belleza de todo sino su esencia, lo que es inaprensible desde el mudo de la lógica, pero que con la imagen recreada en la metáfora pude pervivir en el tiempo y el espacio. Señala María Teresa Bertelloni en la antología, Poesía en el tiempo… sobre lo expuesto sobre su libro sobre teoría literaria, Epistemología de la creación poética que,

“El poeta y el lector son dos Orfeos diferentes pero ambos buscan en la palabra la victoria de la verdad sobre la duda, la fuerza sobre la debilidad, lo cierto sobre lo incierto, lo definido sobre lo indefinido; en otras palabras, el conocimiento fuerte que da sentido a la existencia humana”. (Bertelloni 13)

De esta idea reconocemos en Lezama esa doble función literaria, la del escritor y la del lector que Paul Ricceur propone como el intercambio objetivo según la sociología de la comunicación para recuperar la semántica como una petición de reconocimiento por parte de quien habla, porque cree que quien habla reclama la respuesta del otro. A partir entonces de esta teoría afirmamos que se legitima la palabra por lo común de que se habla en torno al mundo que afronta según el sentido que pondera Ricceur sobre lo que postula Frege quien explica que en el mundo retorico la intención es la de persuadir ya que no existe ningún discurso que no tenga auditorio (Ricceur 56). De manera que señala el teórico francés que en la poesía la “katharsis” del poema no se puede separa del “carácter cultural originario” (Ricceur 56), señalamos, por tanto, que el contenido metafórico empleado por Lezama lleva consigo imágenes de una cultura originaria y le sirve para proponer nuevos caminos comunicativos. Establece el teórico que esos modos referenciales diseminan el lenguaje común que el “ser-en” y el “ser-con” comparten con el mundo (Ricceur 56). Si retomamos el pensamiento maresiano, coinciden los argumentos esgrimidos en tanto que Bertelloni entiende que tanto lector como poeta buscan realizar un yo que supere al individuo concreto e histórico que ella nombra yoidad, o sea, “una unidad plurivalente en la que se encuentran, desde dimensiones y experiencias diferentes, todos los yos”.( Bertelloni 13) Esa representatividad se convierte en una lógica a pesar de la abstracción de la metáfora, por la significación de la palabra portadora de la representación de sus elementos constitutivos según propone Michel Le Guern en el capítulo sobre Metáfora y Símbolo de 1978, esboza que la solidez de la imagen es más concreta que la de la metáfora ya que entiende que la imagen se puede definir como la expresión lingüística de una analogía.(Le Guern 66) Aquí tenemos la idea de que la plurivalencia metafórica que crea Lezama se basa en la contigüidad metonímica del lenguaje. De manera que cuando Lezama enuncia en el quinto verso de “Ah, que tu escapes” que esa estrella del cuarto verso moja “sus puntas en otra estrella enemiga” declara a la memoria como la responsable de retomar el instante de las cosas, es decir, que al poeta lo asiste la memoria para dotar de otros significados a la flor y que no se pierda en el tiempo y, que nunca se olvide lo inaprensible de su propia esencia.

En el sexto y séptimo, “Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,/ cuando en una misma agua discursiva/ se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:/” nos parece que el poeta va develando por la imagen, el cuadro u origen de la bella flor (Dafne) cuya fuente materna, el rio la impregna de otras posibilidades para que cuando implore a los dioses por su liberación, su nueva estructura, hoja de laurel tenga sentido dentro de la metamorfosis corpórea. De manera que frente a ella pasaran frente y sobre su inmovilidad, antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados y ella tan fina como ellos como parte del paisaje estará como ellos inmóvil por el paso del tiempo para el lector y el que recuerde la imagen y al mismo tiempo para el que rescate la imagen. El prodigio del poeta es precisamente la multiplicidad de planos plurivalentes en una unidad mediática que es el poema. Por ello, en los versos octavo y noveno, parecen entre sueños, sin ansias levantar/ los más extensos cabellos y el agua más recordada/, se nos representa una imagen casi alucinante del largor de los cabellos de Dafne y la fuente de agua en que parece se mira, pero lo que realmente imaginamos es el agua de todas las posibilidades del recorrido del mito a lo largo del tiempo en la imagen del agua que se repite como el agua de todos los tiempos desde las eternidades. Dentro de ese contexto es que leímos los versos citados, gracias al participio “recordada”.

Ya en la segunda anáfora, “Ah, mi amiga,” añade, si el puro mármol de los adioses/ hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,/ se nos antoja que la representación quedó trunca como si no se hubiese captado en la figura escultórica de Bernini, por ende, la estatua es lo que lleva al poeta a poder componer el poema que recrea gracias a la escultura, cuando lo que dice parece contrario, tal vez porque intenta en un juego de palabras abolir a los dioses y por eso emplea adioses en un equívoco rotundo que devela la teoría de Bertelloni antes citada. Para continuar con el juego ahora de otro elemento, el aire: “pues el viento, el viento gracioso, / se extiende como un gato para dejarse definir.”/ El viento por su fuerza ha trastocado todo y lo que queda es al recordar la imagen la comparación con la pose esbelta o escultórica del felino, al modo del instante tan difícil de captar en el instante en que Apolo trata de tocar a Dafne y no puede porque los dioses la transformaron en laurel adherida a un árbol, por ello la imagen se asemeja al cuerpo del gato que se posa con la belleza escultórica de la belleza de Dafne que luce en los ojos del poeta y su mirada en el tiempo más hermosa por lo inaprensible no solo del instante a los ojos del escultor-poeta sino del pintor y, que el poeta puede nombrar a su modo y recrear el mito por la importancia del mismo como paradigma de la suprema belleza y plenitud del instante en que se trastocan las cosas con sólo nombrarlas como dice en Génesis que hizo Dios, mientras iba afirmando “que era bueno”. Presumimos que cual dioses, los poetas asumen con la poesía la misma afirmación luego del acto creativo que logra en síntesis recobrar en un instante lo que nombra. Este singular poema, “Ah, que tú escapes” evoca el instante de la creación gracias al mito y lo reconstruye en el mito lo que le confiere el “ser-en” y el “ser-con” el lector mediante el lenguaje y la imagen. Ya que lo que escapa cuando alcanza su mejor definición es el poema como cuerpo independiente o “sustancia resistente enclavada (según el propio Lezama) entre una metáfora, que avanza creando infinitas conexiones, y una imagen final que asegura la pervivencia de esa sustancia, de esa poiesis” lezamiana. Según apuntala Manuel Díaz Martínez en su ensayo, “Lezama y la poesía” para entonces, hilvanar el segundo poema que nos ocupa en este trabajo, “Una oscura pradera me convida” porque explica el crítico cubano que la metáfora con que nombra la poesía Lezama Lima, es una “oscura pradera”.

Entonces en este segundo poema, “Una oscura pradera me convida” del mismo poemario, Enemigo rumor la temática misteriosa continúa siendo la poesía misma como paradigma de ese sistema poético que es a fin de cuenta, la sustancia de su acto creativo. Apunta Lezama que siempre ha “partido de los elementos propios de la poesía, o sea, del poema, de la metáfora, de la imagen”, para desarrollar su sistema. Ésa que precisamente es la del mundo invisible. De manera que, lo maravilloso de un poema es que cree un cuerpo, una sustancia, la que permita en sí la posibilidad de infinitas conexiones hasta llegar a ésa que hará posible la pervivencia de esa sustancia. Estamos ante las palabras sistemáticas del maestro cubano y su propio decir. Por ello cuando leemos del poema que nos ocupa, reconocemos lo que sistemáticamente elucubró en los versos con que da comienzo su poema,

Una oscura pradera me convida,
sus manteles estables y ceñidos,
giran en mí, en mi balcón se aduermen.
Dominan su extensión, su indefinida
cúpula de alabastro se recrea.
sobre las aguas del espejo,
breve la voz en mitad de cien caminos,
mi memoria prepara su sorpresa:
gamo en el cielo, rocío, llamarada.

Nos parece en principio que la voz orquesta un festín por los manteles, pero incluso por el verbo convida, no obstante, nos perturba que los manteles sean ceñidos, a pesar de su estabilidad que rompe con su giro y que se aduermen. Da la impresión de una pintura vanguardista por lo de sobrenatural de la imagen que luego para confundir se extienden y al mismo tiempo recrean otra imagen, la de una indefinida cúpula de alabastro sobre las aguas del espejo. Tenemos, por tanto, que comenzar a desentrañar tantas metáforas que pueden enfrentar cien caminos o cien posibilidades discursivas, porque su memoria prepara de antemano una sorpresa. Esa sorpresa, que refiere al mamífero rumiante de pelaje rojizo oscuro al que le salpican multitud de manchas pequeñas y blancas desde su altura hasta sus nalgas y, que corresponde incluso como acepción al término unión, nos abre otra cantera de significados a esa imagen que se refiere porque el sustantivo extensión nos sugiere a nuestro modo de leer, la infinitud de imágenes a las que el poeta puede referirse y pasan por su mente… pero la voz es ciertamente breve y recoge sólo una parte en su discurso, tal vez se queda a mitad de camino y no refiere ni recoge todo su contenido. Por ello, debemos volver al verso en que nos perdimos, “cúpula de alabastro”, pues nos parece que en este tropo es que la imagen se perfila no sólo por la belleza sino por su contenido, la idea a la que nos desea llevar, por ser una piedra blanca, útil para hacer esculturas o piezas decorativas arquitectónicas, entendemos el juego semántico al que nos quiere convidar. Uno en que la belleza de los recuerdos sea lo que prevalezca en la memoria, tal vez porque sea lo que a fin de cuentas nos mantiene vivos y formando parte de todo lo que en un momento se perdió, pero desea rescatar a través de la palabra y sus relaciones. Con esas palabras que nos convidan a buscar en el diccionario, nos permite entrar a su mundo y ver otros mundos que, tal vez, por la cotidianidad a veces se nos olvida cómo en su esencia fue o es. Es la memoria la que convida, es ella la que propone nuevos caminos, nuevas miradas, nuevas fugas. Ese gamo en el cielo, nos invita a mirar desde dónde todo es distinto y desde donde las cosas, tal vez, se ven distintas por su origen, pero incluso por su conexión primigenia, la poesía misma: por eso la nombra “sorpresa”.
Y esa llamada que es tan singular lo invita por su rareza a entrar a un mundo despacio y ufano, no hay en él miedo, su regocijo es lo que lo inunda a penetrar, a trasgredir lo no conocido. Nos parece, ese mundo de la poesía, que se convierte en laberinto que lo derrite, creemos que lo asedia, lo quema tanto porque es su pasión, su delirio.

Estamos ante un poeta que define su propia existencia a base de su consagración, la escritura. En ese lugar donde se da su oficio se hallan la mar de vocablos y posibilidades que son imposibles de aprender en un solo instante, son tantas y tan variadas que no alcanzan las funciones de cada una de ellas, el cielo sería el lugar donde se pueden encontrar porque es el único lugar según su imagen de expansión donde cabrían como las estrellas. La hermosura y forma del girasol conforman la imagen que podría reproducir lo que a toda vista recoge su mirada, por ello versa,

Allí se ven, ilustres restos,
cien cabezas, cornetas, mil funciones
abren su cielo, su girasol callando.

Ahora nos asegura que la sorpresa de ese cielo es extraña, ya que retornan pisadas, entendemos que recuerdos y las voces de aquellos o aquellas personas que de alguna manera han significado para él algo valiosísimo, a pesar de sí mismo, quizá palabras de otros escritores, pintores, músicos, escultores, en fin, de otros, que como él han tenido las mismas inquietudes e ideas o de los cuales él copió ideas y las ha plasmado a su modo. Entonces, la idea desde la que partimos para este escrito tiene sentido, el poeta ha develado que su proyecto es la suma de la memoria, de esa totalidad de la que señalábamos como el origen de las cosas que se repite al modo particular del yo que resume otros yos preexistentes. A fin de que pase por su frente, “Una oscura pradera”, la de la terminación del acto mismo de la escritura cuando se llega a su fin, o posiblemente la de algún mal recuerdo que puede empañar el acto creativo. Que a todas luces entre los recuerdos (viento) y el fino papel rubrica su imagen con las metáforas que de manera mágica contendrán la totalidad de su discurso.

La poesía de Lezama Lima se define en este poema, “Una oscura pradera me convida” como el enigma supremo en que se recogen de principio a fin todos los intentos posibles de decir por un yo los yos de tantos otros remotos en el “herido viento” del tiempo que ocupa la construcción discursiva. A fin de que, “Un pájaro y otro ya no tiemblan” ya que ese “enemigo rumor” del lenguaje fácil ha sido vencido por el poeta. El único que puede escalar la sima y la cima del lenguaje gracias a la metáfora, que en su belleza y plurivalencia no agota la imagen sino que la reproduce para conmover por medio del puro lenguaje al modo de Paul Valéry. Tanto lo cotidiano como lo difícil alcanzan sentido en su decir para que la idea esgrimida por Bertelloni sobre la yoidad tenga tangencia en estas páginas.

 

1 Ramos Collado, Lilliana. “El género de lo sublime: Gustavo Adolfo Bécquer ante una tradición kantiana”.
Romanitas. Vol. 3.Núm.i (2008): 1-14
http://humanidades.uprrp.edu/romanitas/francais/volumen2/ramos.html

2 Para Lezama el árbol representa según las palabras de Luz Aurora Pimentel en su ensayo,” El árbol en Paradiso: la metáfora y su doble” (100), no el de la naturaleza sino el de la sobrenaturaleza, es de carácter cósmico, el que permite la comunicación entre la tierra y el cielo; ése que hace posible la inmanencia y la trascendencia, la fugacidad y la permanencia, especie de resurrección. El propio Lezama señala en Preludio a las eras imaginarias que, “En la resureccion se vuelca el potens, agotando sus posibilidades. Cuando el potens actua en lo visible; sus derivaciones son el dominio de la physis; cuando se desarrolla en lo invisible nos regala el prodigio de la imagen de la resurrección…sólo el poeta, dueño del acto operando en el germen, que no obstante sigue siendo creación, llega a ser causal, a reducir, por la metáfora, a materia comparativa la totalidad (819).